De memoria y reconciliación

El domingo fue un día un tanto sin planear, y en un momento sí me arrepentí. Comencé yendo a un parque que parecía tener un templo, no tan lejos pero no tan cerca de mi hotel -unos 7 km-. Una pequeña montaña donde hasta arriba se asomaba un templo. Entré por la puerta de atrás – que fue la primera que me encontré en mi ruta de bici-, subí 100 mil escalones con 30 grados y un humedad del 95% – si hubiera entrado por la puerta correcta tenían escaleras eléctricas-. Igual valió la pena.

El templo está hermoso, justo en la cima con vista a todo el Yangzte; como un sueño, y es porque eso es. El templo lo construyeron en 1998, pero está basado en las notas de un emperador de hace 600 años que soñaba con construirlo y nada más no se le hizo hasta hace 30 años que recuperaron el parque entero – que entiendo destrozaron en el ataque de Japón-. Y aunque puede parecer anti-climático estar en un templo “antiguo”, este me pareció encantador por esa historia, y en todo caso, como mirador era un lugar espectacular. Vista 360 de la ciudad.

Mi día decayó un poco las siguientes horas, porque una serie de malas decisiones en mi ruta de bici me llevaron a ningún lugar y por ninguna calle interesante -en su mayoría vías rápidas- y no encontré nada que valiera mucho la pena (en la noche repunté con un mercado de antigüedades y una zonita muy mona de tiendas de diseño y cafecitos). El calor, el hambre, la sed. Todo mal. Para re encarrilar me comí algo banquetero, tomé un té delicioso y ya repuesta decidí hacer algo que había dudado si hacer o no: visitar el Memorial de la masacre de Nanjing.

En general visitar este tipo de lugares no es un plan “vacacional”, pero para una ciudad que se ha reconstruido de las ruinas de algo tan violento me parece que es necesario. Especialmente en occidente (o aledaño-occidente) donde sistemáticamente han borrado la historia de estos países, y lo que nos cuentan es para acomodar una narrativa de “libertad” eurocentrista.

De lo que sigue, claramente, no tengo ninguna foto.

El memorial consiste en un edificio hermoso, solemne y representativo, donde la primera sección es un cuarto oscuro con imágenes de algunas de las víctimas civiles de la masacre; bebés, niñas, niños, mujeres y hombres, jóvenes y viejos; y en otra sección de los sobrevivientes -tomadas en 2017-. El techo es como un cielo estrellado y tienen unos ladrillos cristalizados que conservan sangre de las víctimas. 300,000 víctimas en un periodo de 6 semanas.

A partir de ahí el memorial se convierte en un museo donde explican lo que sucedió, que además de unas imágenes fuertísimas, tienen datos, información, documentos, etc. El museo es interesantísimo y, a la vez, respetuoso. Comienza hablando sobre cómo Japón inicia la invasión después de una operación de bandera falsa (el incidente Mukden) en 1931 lo que da a Japón un pretexto para atacar, avanzando lentamente desde Manchuria. La guerra escaló a todo China en 1937, cuando comienzan a avanzar a Nanjing desde Shanghái.

De ahí el museo te explica la diferencia militar entre Japón, que llevaba un periodo en carrera industrial y armamentista, y China, prácticamente una economía agrícola. A pesar de que China tenía 8 veces más soldados que Japón, Japón producía cien veces más acero, petróleo y cobre que China. A diferencia de Japón, China no era capaz de producir ningún tipo de armamento pesado ni equipo: aviones, tanques, artillería. Y Japón tenía entre 1.5 y 3 veces más armas -según el tipo de arma-. De inicio, era una guerra perdida para China.

A partir de ahí, una vez tomada Nanjing, comienza la descripción de la masacre; datos sobre violaciones, saqueos, y algunas de las terrible prácticas perpetradas, como competencias para matar gente. Hay unas fotos muy fuertes pero el museo logra manejar los temas con mucho respeto. Después hace un recorrido sobre cómo fue posible sobrevivir en ese momento, reconociendo a todas las personas que lo hicieron posible; gente local que organizó campos de refugiados y otras acciones para atender a la población, un pequeño grupo de extranjeros que permaneció en Nanjing y, aprovechando su privilegio, creó un área segura donde era la zona de embajadas donde refugiaron a 200,000 personas.

De ahí el museo avanza a lo que pasó después de la masacre, y la vida en Nanjing bajo ocupación japonesa, los tribunales post-guerra mundial donde enjuiciaron a los militares japoneses, y finalmente una sección sobre los esfuerzos chinos y japoneses para sanar después de esta barbarie, haciendo un reconocimiento muy importante a los japoneses que trabajan en estos temas y a soldados que buscaron redención.

Es importante aclarar que Japón tiene muchísimo que trabajar en este tema – y en todos los crímenes que cometieron en la 2a guerra mundial-. A la fecha en la escuela les enseñan esto como la guerra China-Japón, y han borrado la barbarie cometida -al punto que hay grupos de extrema derecha que niegan que sucedió esta masacre-. Un primer ministro, Tomiichi Murayama, que era socialista, pidió perdón por los crímenes cometidos por Japón en 1998 (esto lo mencionan en el museo). A partir de ahí, han tenido una serie de gobiernos de derecha y ultra-derecha que aminoran esta etapa de su historia (no solo contra China). Y en el centro de Tokio sigue habiendo un templo que conmemora a los soldados caídos en la guerra.

El museo cierra de forma muy bonita con un mensaje de paz, en una sección que busca la reconciliación y el trabajo a futuro entre Japón y China.

“要记住历史、不要记住仇恨”

(“Recordemos la historia, pero no con odio”)

– Li Xiuying, sobreviviente de la masacre de Nanjing



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2 responses to “De memoria y reconciliación”

  1. Pues qué fuerte y qué interesante.
    Aparte, ¿quién te toma las fotos? y ¿esta de tan lejos?

  2. Jajaja una chava con su novio (el estaba lejos), muy lindos me tomaron un par 🙂

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