Llegó el día de la épica y mandatoria visita turística en Beijing: TianAnMen Square y la Ciudad Prohibida. En general evito hacer ese tipo de actividades los primeros días porque a pesar de que generalmente cumplen en su incredibilidad, son agotadoras y necesito estar más ajustada a la ciudad para no drenarme por días.
Decidí empezar temprano, comenzando en TianAnMen Square y después llegar al momento de la apertura al palacio imperial, que están pegaditos, para evitar filas (lo más posible). A las 7am ya estaba formada en TianAnMen, y creo que fue lo mejor; en 40 minutos pasé todos los check points – volví a pasar por la zona en otro momento y escuché que decían que la espera era de dos horas-.
¡Qué impresionante lugar! Para que entiendan la escala TianAnMen mide casi 8 veces lo que el Zócalo de la ciudad de México. En él se encuentra el mausoleo de Mao y otros monumentos importantes, y al norte se encuentra la entrada a la Ciudad Prohibida. Como llegué temprano no había tanta gente, pero me encantó ver a la que andaba ahí conmigo. La mayoría eran turistas chinos, unos que se veía que venían de lugares bien remotos y orgullosísimos de estar ahí (casi que en plan peregrinación): vestidos con sus mejores ropas o trajes tradicionales de las distintas etnias y banderitas chinas -me faltó la mía caray-, tomándose foto en frente de la clásica foto de Mao a la entrada del palacio.
En TianAnMen no hay mucho que hacer a menos que uno quiera hacer la fila para el mausoleo de Mao, y con todo y que soy fan me pareció un poco too much. La plaza conecta con la Ciudad Prohibida (entiendo que hay otras entradas y no hay que hacer el combo si no quieren) entonces entré directo.
Y de nuevo, ¡qué impresionante lugar! Es un complejo de edificios majestuoso, donde mi cerebro se confundía a ratos sobre si lo que había que apreciar era la escala o los detalles. En el palacio imperial vivieron 24 emperadores de la dinastía Ming y Qing, desde 1420 hasta el inicio de la república China en 1924. El complejo tiene casi 1000 edificios y 9,000 habitaciones. Según lo que leí después vivían como 10,000 personas en él: el emperador, la emperatriz, las concubinas, todos los hijos e hijas (tenían varias decenas), y miles de eunucos que operaban el palacio, sirvientes y guardias. Una locura. Hoy el palacio conserva algunas salas decoradas en su estado original y otras son salas de exhibición para reliquias y similares.
Mi único tema con este paseo es que llevaba unos buenos 8-10 km caminando y no había visto un árbol. Ni la plaza ni el palacio tienen árboles -solo hay un cacho con unos árboles hermosos de 400 años de edad-. ¡No sé quién decidió diseñar con tal aridez! Y no es que no les gustaba la naturaleza; los jardines imperiales son las miles de hectáreas que rodean el palacio y ahora son parques públicos.
El paseo sigue al norte, donde justo está el ahora parque Jingshang con la única montaña de la ciudad. Y vale muchísimo la pena subirla, ya saben, para rematar la camita de la plaza y el palacio: las vistas de la Ciudad Prohibida no tienen comparación.
A medio día ya estaba libre, y me fui a recorrer la ciudad en bici siguiendo canales, visitando parquecitos y descubriendo uno que otro templo.

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