Me levanté con un antojo muy específico: comida de las comunidades musulmanas chinas del noroeste -una de mis favoritas-. Comino, carne de cordero, pan.
Para encontrarla lo mejor es ir a la zona de alrededor de una mezquita. Y pues qué mejor que una mezquita interesante. Decidí planear mi mañana de forma que me llevara en bici a la Niujie Mosque, la mezquita más vieja de Beijing, construida en el año 900 (y remodelada en 1440). En el camino recorrí las grandes avenidas del centro, llenas de edificios posmodernos, y me encontré con un templo convertido en mercado de pulgas (que como era lunes estaba parcialmente cerrado). La mezquita está en remodelación, pero los lugares de comida alrededor no decepcionaron.
Me quedé con ganas de ver cómo es una mezquita china -nada me gusta más que una buena representación de sincretismo- y eso me dio un nuevo punto en mi itinerario: la mezquita Dongsi, una de las más viejas (construida en 1346, remodelada un par de veces en el siglo XV). Ésta se encuentra al oeste del palacio, no tan cerca de donde estaba, entonces me dio la oportunidad de recorrer muchos Hutongs en el camino – no sé qué haría en esta ciudad sin bici-. Me encontré con unos callejones hermosos y con mucha ondita con cafecitos, tienditas, bares y luego, conforme me acercaba a los lugares más turísticos con unos callejones súper horrorosos, llenos de tiendas chafísimas y souvenirs (¿por qué van ahí?).
Finalmente llegué a la mezquita y no saben ¡qué belleza! Era como un templo tradicional pero con la distribución para acomodar una sala de oración donde las decoraciones de la dinastía Ming esconden frases en árabe y el alminar es una pequeña pagoda. Adorable. La mezquita estaba vacía, excepto por una familia que parecía estar de visita.
Resultó que la mezquita está en una zona comercial muy padre, llena de boutiques de ropa, cafés y librerías. Hangueé un rato por ahí antes de dirigirme al CBD (Central Business District de Beijing) donde hay varios edificios icónicos de grandes arquitectos como Zaha Hadid y Rem Koolhaas. Haciendo algo de tiempo, porque quería ver el atardecer por allá y todavía era un poco temprano me encontré con un parque increíble (Ritan Park), que fue ideal para descansar un ratito.
El CBD está impactante, y como siempre en Asia, muchos centros comerciales tienen miradores en los últimos pisos. Me encontré con uno con unas vistas de locura donde vi el atardecer reflejarse en los edificios. Gran conclusión de un día que empezó con un antojo de brochetas.

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