de budas y techitos…

Ayer fue mi primer día de turismo atascado, y estoy segura que haber esperado casi una semana para hacerlo fue una gran decisión. En otro caso hubiera estado abrumada y desconcertada por el calor y las multitudes. Me lancé a los dos lugares más turísticos de la ciudad (y que claramente son turísticos por algo) el Gran Palacio y Wat Pho, el templo del Buda reclinado.

Esta zona de la ciudad, aunque el centro y lugar de fundación de Bangkok (en 1782, después de la caída de Ayutthaya), está relativamente lejos de todo y en general es poco inspiradora. Hay que recorrer (en taxi) cuadras y cuadras de enormes edificios gubernamentales, explanadas imposibles de usar por el clima y avenidas eternas y áridas para llegar al Gran Palacio que es un complejo de muchos edificios, entre ellos Wat Phra Kaew o el templo del Buda de esmeralda, el templo más importante para la familia real y uno de los más importantes del país y que es lo que más vale la pena del lugar (pero no lo único).

No puedo explicar lo increíble y lo mucho que me sorprendió este templo, a pesar de haber visto fotos y medio saber a donde iba. Cada edificio es más impresionante y atascado que el anterior, uno tiene infinitos cristales, otro porcelana, otro oro… y cada uno con un estilo distintivo, ya que se acostumbraba que cada rey agregara nuevas edificaciones al templo en agradecimiento y para legitimar su reinado ya que Bangkok fue fundada por un oficial de alto rango de la época que se coronó a él mismo, pero no era precisamente alguien de la línea real de Ayutthaya. El Buda (no se puede tomar foto) está hermoso y hay una serie de murales excepcionales, pero me costaba concentrar mi mirada en algo que no fueran los cientos de coloridos y brillantes techitos llenos y llenos de detalles. Estuve un buen rato ahí, contemplando e intentando no morir de calor.

El resto del complejo tiene una serie de edificios interesantes, el Gran Palacio (que ya no es la residencia real) con influencia francesa y varios otros edificios con influencia inglesa. Hay un par de museitos con antigüedades que le permiten a uno escapar del calor, pero el que valió mucho la pena es un pequeño museo sobre textiles medio escondido y donde se exhibe la colección de vestidos de la reina Sirkit (por cierto, una verdadera fashion icon).

Del Gran Palacio caminé a Wat Pho, otro templo famoso por su buda gigante. El complejo igual tiene una serie de edificios hermosos y pequeños templos que vale la pena explorar (creo que entré por un acceso secundario, y los tuve que recorrer todos, cosa que valió mucho la pena). Pero… a lo que va uno es a ver al Buda gigante.

Pausa. Es chistoso cómo todas las veces que he visto Budas gigantes (y he visto mi fair share) me quedo impactada por su tamaño… ¡Cecilia, sabías que ibas a ver un Buda gigante! Fin de la pausa.

Lo simpático e inesperado de este Buda es que está ensardinado en un templo que apenas le queda, entonces al ver el edificio no esperas que haya algo de semejante tamaño dentro. El Buda mide 15mts de alto por 43 de largo (está reclinado, recuerden) y tengo que decir que cuando vi su enorme cabeza solté una carcajada, ¿a quién en su sano juicio se le ocurrió poner algo tan enorme ahí? o igual y no estaba en su sano juicio… El Buda lo vas viendo a cachitos entre columnas, cosa que igual me causó mucha gracia.

Agotada regresé al centro de la ciudad y el resto de mi día ocurrió sin nada memorable. Comí delis, me hice un masaje de pies y fui con unas chicas del hostal al mercado (tianguis) nocturno más horroroso y sin chiste de Bangkok (Pratunam night market, no vayan). Ah y ayer Remy me acompañó a todas mis aventuras, gran y simpático compañero como siempre.


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