Uno de esos happy problems de viajar sola es que pocas veces logro el itinerario que había pensado durante el día. Tampoco es que traigo un minuto a minuto, pero antes de salir reviso qué zonas quiero visitar durante el día y, si es que los hay, lugares emblemáticos dentro de ellas. El “problem” es que en general no veo todos los lugares que planeaba ver, el “happy” es que encuentro lugares increíbles o interesantes que no estaban en mi radar y puedo ajustar sin ningún problema para integrarlos al itinerario. Por lo anterior es que me gusta venir con calma a las ciudades, así tengo otros días para reponer.
Nota intermedia: Generalmente, antes de viajar, hago bastante investigación de zonas que me podrían gustar, las dibujo en un mapa, y marco los puntos que quiero visitar u otros lugares interesantes por si estoy en los alrededores. Cada mañana defino a qué zona quiero ir, checo si hay puntos imperdibles y veo que más hay por ahí, defino mi ruta -veo si hay algo en ella- y mi transporte. Todo se va adaptando durante el día, dependiendo de mil cosas: clima, hambre, me llamó la atención una calle, me topé con un templo, galería, espacio padre, etc.
Este día planeaba, entre otras cosas, ir al Bund, que es el malecón icónico de Shanghái, desde donde se ve la vista de Pudong con sus grandes rascacielos, entre ellos el segundo -creo que todavía- más alto del mundo y la Perla del Oriente. En la mañana mi plan era ir en bici al templo del Buda de Jade, pero comencé caminando ya que hablé con el Pelón y estaba muy a gusto caminar mientras echaba la platica. Gracias a ese pequeño cambio se recorrió todo mi día, porque en el camino me encontré con la casa de la infancia de Mao -con fotos hermosas y supongo información muy relevante pero toda en chino- y una espacio de arte increíble -al que me colé a un buen cacho sin darme cuenta.- Todo esto fuera del itinerario.
Después agarré la bici y me fui al templo por unas callecitas adorables. El templo parece ser relativamente importante para los budistas porque había un tour de como 70 tailandeses cuando llegué, lo que de nuevo me hizo ajustar mi plan e irme a comer en lo que el grupo hacía su visita y creo que sí ya estoy más curtida en esto de los viajes a Asia, porque ya hay pocos lugares que me parecen retadores para sentarme a comer -y aquí, con la ayuda de las apps, menos (ya hablaré de eso en un post específico)-. Comí en un lugar muy de locales una sopa con noodles de arroz y una patota de pato – como un caldito de pollo, pero patudo-. Deli.
De vuelta al templo. El templo espectacular, súper conservado y enorme. Tenía muchos espacios con distintos Budas y donde la gente practicaba rituales distintos. Algo que me encantó, y que no había visto antes -parecer ser particular del budismo chino- es que estaban quemando unas bolsotas de papel -dinero espiritual- para rendir homenaje y proveer a los muertos. En todo caso, creo que prefiero los templos menos famosos, como al que fui el primer día porque acá sí se mezclaba el ritual con la turisteada, pero igual estaba espectacular.
Logré mi segundo punto del día que era una zona que quería visitar por dos edificios que tenía mapeados: un centro comunitario del CCP y Fotografiska (además de que la zona ya estaba cerca del Bund).
Fotografiska es un espacio/café/galería que traía mapeado por la renovación del edificio y su interiorismo. Resultó que el lugar estaba más lindo de lo que esperaba (ideal para una copita de vino chino, que me eché claramente) pero lo que más me sorprendió fue lo lindo de la zona donde estaba; tenía un paseo arbolado junto a uno de los ríos secundarios de la ciudad y muchos edificios, escondidos por grandes edificios residenciales, son como bodegones reconvertidos en galerías, espacios de innovación, oficinas y otros espacios del estilo.
Cerca de Fotografiska hay una tienda departamental -que son una de mis grandes obsesiones de Asia y puedo perder horas en ellas recorriendo sus pisos (12 en este caso) -. y ya tenía en mente comprarme unos tenis de Anta, y pues estaba de camino al Bund, ¿por qué no? La tienda muy al estilo japonés, llena de boutiques de marcas reconocidas y de tiendas independientes hermosas al interior, pero muy china a la vez, toda la decoración dorada y atascadísima. La ropa increíble pero muy cara; esto en todo Shanghái, las boutiques de por mi colonia, las tiendas en los malls y prácticamente toda la ropa, zapatos y articulitos cute que me he topado están increíbles y súper finos pero impagables (nada de esto lo esperaba). Finalmente sí me compré los tenis y unas botas espectaculares que tenían un descuentazo, pero pagué por ellas lo que pago en México por unos buenos zapatos sin descuento. Ya se las presumiré.
En ese punto, dos cajas de zapatos, día gris y algo de ansiedad de preparación para mi primer gran recorrido en tren, puse en puntos suspensivos la visita al Bund. Será a mi regreso a Shanghái, que todavía me quedan 4 días por acá al final.
Ah, cené una excelente hamburguesa de una cadena local llamada Charlie’s. No por estar en China voy a comer comida china todas las comidas.
Ahora, ¡a la montaña!





























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