Hay un síndrome que les da a los japoneses cuando visitan París, donde sus expectativas era tan altas que al llegar entran en crisis de ver que no es lo que esperaban. Hay una línea de ayuda en la embajada japonesa y todo. No voy a mentir que viniendo en el avión me empezó a dar miedo que me pasara eso, ¿qué tal que Shanghái, y China en general, no cumplía con mis altísimas expectativas? Al menos para la parte de Shanghái debería de haber un síndrome con síntomas de ansiedad absoluta de que te vas a tener que ir en algún punto de este lugar: es una ciudad increíble.
En mi segundo día aquí me encontré con una ciudad muy cambiada -porque ahora sí visité más lugares que recordaba-, una ciudad moderna y pensada para sus habitantes -todos sus habitantes-: accesible, increíblemente bien conectada, limpia, cuidada, sin tráfico, con servicios (baños públicos impecables, centros comunitarios, clínicas de salud, parques con equipo para hacer ejercicio, bicis y baterías compartidas por doquier)… Al mismo tiempo, visité una zona que recuerdo había miles y miles de casas antiguas -“increíbles” pero muy muy muy descuidadas- y que ahora ya fueron reemplazadas por edificios altos, la mayoría residenciales, aunque otros por grandes y lujosísimos centros comerciales y oficinas. Y yo, que romantizo los edificios viejos, tuve que hacer un esfuerzo importante por no odiar esto. En el caso de edificios históricos importantes, los mantienen de alguna u otra forma -a veces irónica-, por ejemplo, la colonia donde se juntaban los revolucionarios es ahora un centro comercial de lujo hermoso; probablemente, en la sala donde escribían manifiestos adaptando las ideas occidentales a la cultura china ahora hay un Louis Vuitton.
Al mismo tiempo, las ciudades tienen que avanzar, y el modelo de urbanismo chino, al menos de lo que se percibe, funciona bastante bien: alta densidad, zonas comerciales y residenciales y espacios de convivencia. La cosa es que acá todo es así, para todos. Unos más lujosos que otros, pero realmente la diferencia se ve en el tipo de tiendas en el centro comercial y, quizás, en los acabados de los departamentos. Todas las colonias tienen acceso a una red de metro espectacular, todas tienen parques, todas están limpias, en todas hay bicis, espacios comunitarios y museos.
La ciudad es muy caminable y mi recorrido empezó de esa forma, (después de un cafecito) caminé un poco por calles que no había recorrido de mi colonia, después llegué a la zona súper fancy donde los grandes edificios sustituyeron a los conjuntos dilapidados y los Loius Vuitton ocupan espacios revolucionarios. En mi mapita tenía marcado un templito budista, y en algún momento pensé que ya se lo habían echado como lo demás, pero me parecía absurdo y decidí sí buscarlo un poco más (resulta que tenía tantito mal la ubicación). Ahí, para buscar el templo, me animé a usar una de las bicis compartidas, que funcionan maravillosamente; hay millones -no exagero- y las puedes agarrar y dejar en cualquier lugar -todo con mi increíble app de Alipay, de la que luego les platicaré. La bici fue un game changer (ahorita platico de esto).
El templo, que al perecer es bastante importante, me dio la impresión de ser un lugar 100% local y lleno de vida: gente rezando, llevando ofrendas, realizando rituales, conviviendo y comiendo. No había turistas (de hecho casi no hay turistas occidentales en la ciudad) lo que siempre es bastante agradable, aunque tampoco a la gente le sorprendía mucho de que estuviera ahí -me imagino que en temporadas de más turismo sí llega uno que otro aventurero-.
(Volviendo a la bici) la ciudad es perfecta para la bici, plana y tiene ciclopista: y donde no, no son particularmente estrictos y las bicis tienen permiso de ir en sentido contrario, tramos de banqueta, etc. Con la bici me animé a meterme a colonias que caminando hubiera sido imposible, recorrí varias zonas con aquellas casas viejas donde se mantiene una vida urbana más a la antigüita. Locales viejos y llenos de chácharas, vida de barrio en la calle, un poco más sucio y desordenado -pero con algo de encanto-, aunque igual en estas zonas tienen todos los servicios de los que hablé antes. En alguna de estas colonias comí unos nooddles espectaculares en un lugar local, donde todos los comensales eran gente trabajadora de la zona.
Finalmente llegué a Yuyuan Garden un lugar -que era mi punto de destino y había visto en las guías y demás- que sí es medio un tourist trap (o no, depende cómo disfrute uno viajar). Al parecer era un templo importante pero está ultra remodelado y literalmente es un centro comercial de souvenirs (me fui rapidito la verdad). Además del templo, me interesaba ir a esa zona porque quería visitar la línea 14 de metro, una de las más nuevas (bueno, ya van en la 22) que es de verdad una locura. Además de tener reconocimientos por su arquitectura, tiene una tecnología fuera de este mundo (vean la foto de la pantalla que indica en cuánto llega el tren y qué tan lleno va). El resto de las líneas de metro están perfecto, pero son más normales en el sentido del diseño.
En la tarde, después de un descanso de medio día, me lancé a un museo de arte contemporáneo que se llama Power Station of Art, y es literalmente eso, una planta eléctrica reconvertida en museo. El espacio es de lo más impresionante que he visto y había una expo espectacular de un artista chino: Yin Xiuzhen. El museo está cerca del río y la zona parece ser relativamente nueva, hay muchos edificios residenciales pero también espacios de oficinas enfocadas a la creatividad e innovación con una arquitectura muy cool. Mi día terminó en un Uniqlo y cenando deli (comida coreana) por ahí, muerta pero feliz.









































Aj, las fotos están en desorden porque subí al final las del cel. Intentaré corregir después.

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