del barrio chino y un poquito más…

Empecé mi primer día formal en Bangkok con un jet lag de aquellos caminando por la colonia donde me estoy quedando -haré un post solo sobre esto- y con un desayuno de campeones, en mi afán por no desaprovechar ninguna comida.

Una de las cosas que más me entusiamaba de Bangkok era conocer su barrio chino, el más grande del mundo y que de hecho es más antiguo que la ciudad.  Y como todavía no estoy muy en el mood de hacer los recorridos más turísticos (tengo muchos días, los haré cuando tenga ganitas), decidí empezar a conocer la ciudad por aquí.

Había leido que era un barrio en el que valía la pena perderse y ese era mi principal objetivo. Tomé el metro y me bajé una estación después de la que te deja en el corazón del barrio y me lancé a conocer. Caminé un buen rato por calles comerciales (lámparas, ferreterías, etc.) donde se empezaba a ver la influencia cultural, hasta llegar a un mercado eterno, mercedesco y lleno de chucherías (chinas).

En algún punto me animé a salir de la ruta principal y explorar, y ¡cómo no decepcionó! Entre los callejones encontré templos, cafés hermosos y una que otra tiendita adorable. Todo en los lugares menos esperados, a lado de una tienda de fierro viejo o de extraños ingredientes chinos.

En algún punto me encontré con un lugar hermoso de té taiwanés, y algunos sabrán que tengo una obsesión con los panquecitos de piña taiwaneses (que descubrí en Tokio en alguna ocasión), no perdía nada en ver si vendían y efectivamente sí. El tendero, un joven taiwanés me platicó la historia de los panquecitos (la empresa que hace los que probé en Tokio es de su pueblo) y sobre la cultura de hospitalidad en su país. Me preparó el té más perfecto que he tomado en mi vida y el panqué estaba espectacular.

Seguí recorriendo las callecitas, comí un pad Thai delicioso viendo al río y muerta de caminar por horas a 35ish grados centígrados decidí regresar al centro comercial de la ciudad (e ir a un centro comercial a refrescarme en el AC). Quizá escribiré sobre eso, pero probablemente sea el centro comercial/tienda departamental más increíble al que he ido, con una oferta increible de diseño local.

Regresé a mi hotelito/hostal y caí muerta horas. Salí a cenar algo muy leve y tengo que aceptar tristemente que no creo poder comer tres comidas completas.

Volveré al barrio chino -que hoy es fuerte contendiente para ser una de mis colonias favoritas en todo el mundo-, más de un par de veces. De hecho no llegué a la zona “principal” donde está la comida callejera y la parte más locochona del mercado.

Siam Discovery.
Jungla urbana.

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